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Muchas personas sienten asco o miedo cuando ven una cucaracha o un ratón en su cocina, y esta reacción es perfectamente normal. La presencia de insectos o roedores en nuestro hogar nos hace sentir inseguros, porque invaden nuestro espacio más privado y querido, donde podemos refugiarnos y olvidarnos del estrés de la ciudad, de la suciedad del metro o de las calles. Cuando una cucaracha camina encima del lavaplatos o se esconde en el armario de la cocina, cuando un ratón pasa corriendo detrás del sofá dónde miramos la tele o jugamos con nuestros hijos, no tan sólo nos provoca asco, sino miedo, porque sentimos que el lugar que más nos gusta en el mundo está siendo atacado. Por esto muchos clientes nos llaman en un estado de pánico, porque ya no se sienten seguros en su propio hogar, aunque solo hayan visto a una cucaracha. La dimensión psicológica es esencial en el control de plagas, porque se trata de restablecer el equilibrio y la confianza dentro de la casa.

A veces, una sola cucaracha ya es una plaga para quien le tiene pánico: al enfrentarse una vez con el insecto, la persona sospecha que podría haber más en la cocina o en el hogar y se pone a tener ataques de pánico. No puede dormir, se siente insegura en su hogar, tiene miedo a contagiarse, siente que sus hijos o sus mascotas ya no están en seguridad dentro de la vivienda. No se trata de una reacción exagerada, sino que una reacción que corresponde al nivel de pánico y estrés que siente la persona. Estos sentimientos son reales, porque la persona los sufre: no importa que hayan diez o cien cucarachas en la cocina. La intervención de una empresa especialista en control de plagas permite eliminar las cucarachas de la vivienda, pero a veces la persona sigue teniendo angustias y pesadillas con insectos o roedores. De cierto modo, es más fácil controlar la plaga de cucarachas que la angustia del cliente, que ha visto su calidad de vida afectada por la presencia de insectos en el hogar.

Es importante darle crédito a la persona que sufre estos síntomas y no burlarse de ella, porque se trata de un problema serio que los psicólogos llaman entomofobia, o sea, “fobia a los insectos”. En el caso de los roedores, hablamos de musofobia, o sea la fobia a las ratas y los ratones. El miedo que siente la persona no es proporcional a la plaga que se ha instalado en casa. A veces no existe ninguna plaga de insectos o roedores, y sin embargo la persona tiene ataques de pánicos con la mera idea de poder encontrarse con una cucaracha o un ratón en la calle. Se trata de una angustia a los insectos y/o roedores que perjudica la calidad de vida de la persona, porque llega a evitar los lugares dónde piensa que podría encontrarlos, e incluso puede sentirse insegura en su propio hogar. A veces la persona hace pesadillas repetitivas en las cuales aparecen cucarachas, abejas, arañas, ratones, ratas… de forma que eliminar la plaga no basta para solucionar el problema.

Lo cierto es que hoy en día tenemos muy poco contacto con los insectos en el entorno urbano. Las técnicas de control de plagas actuales nos permiten eliminar los insectos de nuestro hogar de forma muy eficaz y duradera. Sin embargo, nuestra tolerancia hacía los insectos está en el punto más bajo: ya no podemos soportar la presencia de una cucaracha o de un ratón en nuestra casa, cuando nuestros antepasados tenían que convivir con los insectos y roedores a diario. Hoy en día, no toleramos los insectos y roedores en nuestras casas, lo que ha disparado la fobia hacía las cucarachas y las ratas: representan algo de lo incontrolable en un mundo cada vez más organizado y controlado. En otros términos, ¡la presencia de insectos es inversamente proporcional al pánico que les tenemos! En la tercera temporada de la serie Black Mirror, un joven aficionado a los videojuegos experimenta una realidad virtual en la cual se enfrenta a sus peores pesadillas. ¿Adivinen cual es el primer síntoma? Aparece una araña repugnante, que luego reaparece en la cocina tomando dimensiones monstruosas… La aracnofobia, una de las fobias a los insectos más comunes, puede aparecer sin que la persona se haya enfrentado personalmente a una araña en el pasado: el pánico a los insectos circula tanto en nuestra sociedad que llega a través de las novelas, las películas, las leyendas urbanas…

En conclusión, el control integrado de las plagas no consiste en eliminar todos los insectos de nuestro entorno. Algunos nos pueden molestar, pero son necesarios al equilibrio del ecosistema. Por ejemplo, las abejas pueden ser una molestia en verano, pero sin ellas el ecosistema estaría en un grave peligro. Nos referiremos una vez más a la serie Black Mirror, que plantea un futuro en el cual las abejas habrían desaparecido por culpa de la contaminación y habrían sido substituidas por abejas robóticas, indispensables a la vida en la tierra. Sin embargo, las plagas que afectan nuestra calidad de vida siempre se tienen que controlar: un nido de abeja en nuestra casa es, sin duda alguna, una plaga que hay que eliminar. Cuando además aparece una fobia a los insectos o a los roedores, el tratamiento (por ejemplo la fumigación de cucarachas o la captura de los roedores) es un paso indispensable pero no siempre suficiente, porque la fobia puede permanecer. Para evitar situaciones de angustia o pánico, lo ideal es evitar la proliferación de insectos o roedores en la vivienda, adoptando medidas preventivas para proteger la calidad de vida en el hogar.

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